Comparto en esta entrada el mensaje que Joxe acaba de enviar. Seguramente se publicará en muchos blogs católicos, pero he querido compartirlo también con todos vosotros, y expresar así, públicamente, mi más profundo respeto y agradecimiento a este querido amigo que tanto ha sacado la cara a los bahá'ís (y a tantos otros) cuando todos nos cuestionaban.
Tal y como dice en su artículo, el 23 de diciembre marcó la fecha del comienzo del fin. Ese mismo día comenzó mi visita de tres días a los Lugares Sagrados Bahá'ís en Israel. Fui allí con Abi, mi hija, para hacer entrega en el Centro Mundial de la traducción al euskara del Kitab-i-Iqan , volumen nº 9 de la colección "Erlijioen Jakinduria" (La Sabiduría de las Religiones) que dirige Joxe Arregi, y que acababa de publicarse ese mismo mes. En Haifa tuvimos el grandísimo honor de ser recibidas por el Dr. Arbab en su despacho y de charlar un poquito con él sobre la traducción del libro y la situación de la Fe en Euskal Herria.
Fueron tres días muy especiales, raros diría yo. Las terrazas están cerradas a los visitantes debido a las obras de restauración la cúpula del Santuario del Báb, y, aunque a nosotras nos permitían el paso, había momentos en los que no podíamos avanzar porque había puertas cerradas que nos obligaban a tomar caminos laterales o saltar por donde normalmente no se puede... o a esperar a que algún guarda se percatara y nos abriera la puerta. Pero lo más importante es que siempre encontramos la manera de llegar a nuestro destino sin tardar mucho. Lo mismo me ocurrió con algún momento de agobio en Bahjí y en Akká cuando providencialmente apareció un sherut que nos llevó sanas y salvas hasta la puerta de casa.
Tuvimos a Joxe en nuestro corazón y mentes los tres días que duró nuestra visita. Las dos pensábamos que era él el que tenía que haber estado allí, porque sin él no habría habido traducción ni publicación ni nosotras habríamos tenido excusa para volver al Lugar Más Dulce. Le recordamos especialmente en Akká porque allí estuvo Francisco de Asís en el tiempo de las cruzadas queriendo ayudar a que cristianos y musulmanes hicieran las paces... poverello!! Con nosotras estaba también cuando oíamos fuerte los graznidos de los cuervos peleándose afuera mientras dentro del santuario aspirábamos la fragancia de las rosas... All shall be well, and all shall be well, and all manner of things shall be well.
FRANCISCANO SIN HÁBITO
Hace un tiempo que corrían los rumores como vuelan las golondrinas, tan rápidas y libres, sin otra guía que el certero instinto de la vida (por cierto, ¡cómo se han multiplicado las golondrinas en Arantzazu, y aún siguen criando! Dios os bendice). Pero una vez desatados los rumores, a veces inocentes, a veces intencionados, es más difícil detenerlos que detener el vuelo de las aves. Pues bien, la noticia ha estallado en todos los sentidos y, en contra de mi intención primera, no puedo menos de confirmarla ya: voy a dejar la Orden Franciscana. De paso, pido disculpas por alguna declaración mía ambigua que algunos pudieron entender como un desmentido. No quería serlo.
Voy a dejar la Orden franciscana. Lo he meditado mirando adentro entre mis luces y sombras, mirando afuera la montaña y el cielo, y las golondrinas. Lo he compartido con las personas que más me quieren y en las que más confío. Lo he hablado con los responsables de mi provincia franciscana que son también mis amigos. Dejaré este Arantzazu del alma, donde he vivido 17 años de los 57 que tengo; dejaré la Provincia franciscana que ha sido mi familia y mi hogar desde los 10 años; dejaré la Orden franciscana que ha dado enteramente forma a mi ser. No diré que la decisión no me produzca dolor y vértigo, pero doy el paso en paz.
Era previsible desde aquel 23 de diciembre en que me impusieron y yo prometí silencio para un año. Y era irreversible desde aquel 17 de junio en que rompí mi voto de silencio porque, previamente, mi obispo había derogado las condiciones que lo justificaban. Tomé la palabra, no porque tenga algún mensaje profético urgente que pregonar, sino simplemente porque ya pasaron los tiempos en que la libertad de palabra pudiera ser impedida en la Iglesia de Jesús con pretextos de dogmas y magisterios.
Los dogmas y el magisterio no los puso Jesús. Muy al contrario, enseñó que no se ha de identificar la palabra de Dios con tradiciones humanas (Marcos 7,7-13), y denunció a los maestros de la ley que se apoderan de la cátedra y del magisterio (Mateo 23,2), prohibió tajantemente que nadie se llamara maestro o padre (Mateo 23,8-9), declaró solemnemente que “todo ser humano es señor del sábado” (Marcos 2,28), es decir, señor de toda ley religiosa por sagrada que fuere, y al sordomudo le dijo en arameo: Effeta, “ábrete”, “escucha y habla” (Marcos 7,34). Es más, y la Iglesia debiera reconocerlo ya sin más dilación: aunque Jesús hubiera establecido dogmas y magisterios –que ciertamente no estableció–, éstos no serían de ningún modo inamovibles, pues Jesús no tuvo otra ley ni otro criterio que el Espíritu de Dios, y el Espíritu es como el aire y el agua, y siempre se mueve. Y por si hiciera falta, lo dijo San Pablo: “Donde está el Espíritu de Jesús, hay libertad” (2 Cor 3,17).
Claro que la Iglesia, como todo grupo humano, requiere estructuras y un lenguaje más o menos común, pero las estructuras habrían de ser flexible y móviles, como todo lo vivo, y los dogmas deberían poder ser comprendidos y expresados en palabras siempre nuevas, como todo misterio; y en primer lugar debiera cambiar una Iglesia autoritaria en una Iglesia democrática, como la quiso Jesús. Y la Iglesia, que se ha tomado tantas libertades para contradecir a Jesús, con mucha más razón debiera ser libre para secundar el Espíritu de Jesús. Basta conocer la historia para saber cómo han cambiado las cosas, o basta gustar del Espíritu de Dios para saber cómo han de cambiar. Quien no conoce la historia, que guste al menos del Espíritu; quien no guste del Espíritu, que conozca al menos la historia. ¡Cuán anacrónica y contraria al evangelio es esta idolatría de la doctrina que nos tiene amordazados!
Simplemente por eso dije: “No callaré”. Y eso equivalía a una insumisión, y en la iglesia institucional que tenemos no hay lugar para insumisos, y yo lo sabía. Tampoco hay lugar para insumisos en la Orden franciscana que tenemos, y también esto lo sabía: los responsables franciscanos, aun en contra de su voluntad, y como única forma de evitar un grave conflicto interno, se verían obligados a exigirme sumisión a las órdenes del obispo. No he necesitado, pues, de grandes discernimientos: o acataba o me iba. Pensé que no debía acatar, para ser fiel al seguro Jesús, a mi insegura conciencia, a mi humilde misión, pero no quería ser así motivo de conflicto para los franciscanos, que son mis amigos y hermanos. La opción no era fácil, pero resultaba forzosa y simple.
Dejaré la Orden, y con ello pierdo mucho, pero quién sabe si, al final, el perder no será una ganancia también esta vez. Quiero escoger la vida con todos sus riesgos, incluida la palabra. No sé qué será de mí (¿quién sabe qué será de sí?), pero allí donde vaya Dios vendrá conmigo, y si en el camino me pierdo Él me encontrará. Quiero seguir siendo discípulo de Jesús de Nazaret, el hombre bueno y libre. ¡Oh, cuán lejos me siento de él! Pero él está cerca de mí, de ti. Jesús es el prójimo y todo prójimo es Jesús. Con él, como él, quiero seguir siendo Iglesia sin esas torpes dicotomías de clérigos y laicos, religiosos y seglares, fieles y herejes, creyentes e increyentes.
A mi obispo y hermano José Ignacio Munilla le deseo lo mejor, y pienso que lo mejor pasa por escuchar, respetar, secundar la voz de la inmensa mayoría de su comunidad diocesana, de la que seguiré formando parte activa. La voz de la comunidad es la voz del Espíritu, mucho más que la voz de Madrid o de Roma.
Ah, y quiero seguir siendo franciscano, un simple franciscano sin hábito. ¡Paz y Bien!
José Arregi
Para orar
Esta mañana
enderezo mi espalda,
abro mi rostro,
respiro la aurora,
escojo la vida.
Esta mañana
acojo mis golpes,
acallo mis límites,
disuelvo mis miedo,
escojo la vida.
Esta mañana
miro a los ojos,
abrazo una espalda,
doy una palabra,
escojo la vida.
Esta mañana
remanso la paz,
alimento el futuro,
comparto alegría,
escojo la vida (Benjamín González Buelta, SJ)

2 comentarios:
Hay cosas que agradan o contrarían según quién las haga. Hay personas que redimen cualquier acción con sólo realizarla y hay, igualmente, gente que estropea las mejores acciones con sólo pretenderlas.
Discípulo de Frencisco y de Jesús, Joxe Arregi es incapaz de actuar con sucias intenciones, algo que Munilla le atribuye y con lo que demuestra que él(Munilla)es incapaz de limpias corazonadas.
No hay acciones sin alguien que las actúe y ese alguien es el que las tiñe de estimulantes, acertadas, vulgares, señoriales, aburridas, interesantes, divertidas, pesadas... etc. etc.
Las personas actúan de acuerdo a lo que son y Joxe, además, enseña a ser mejor persona.
Completamente de acuerdo :-)
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