Grecia es un país bello y sugerente. Siempre me lo ha parecido desde la primera vez que lo visité allá a principios de los 80. Al principio una se siente extraña en aquel lugar, no entiendes nada, ni lo que escriben ni lo que hablan. Y, sin embargo, todo resulta enormemente familiar, quizá porque al ignorar los verdaderos significados la mente se los inventa a partir de lo familiar, y quizá porque también es familiar la soledad compartida entre las muchedumbres a las que una se siente profunda y extrañamente unida. Lo curioso es que en muchas ocasiones la invención funciona, la comunicación se da, de manera mucho más verdadera y profunda que cuando se supone que compartes el mismo código.
| Y fuiste reparada donde tu madre fue violada. |
Claro que luego, conforme pasa el tiempo y sigues viviendo siempre acaba por pasar algo, por aparecer alguna pieza puñetera de esas que encaja pero sólo en parte, una pieza en parte en suspenso, sobresaliente, que nos indica que el puzzle continúa más allá, que necesita otras piezas que aún no tienes para seguir completándose... Ahí tenemos que elegir, o cortamos lo que sobresale o seguimos indagando. Seguir indagando supone que de tiempo en tiempo nos vemos en la necesidad de cambiar nuestros centros, nuestros paradigmas, de ampliarlos, de movernos a través de mapas que abarcan mayores extensiones... Pero estos cambios en ningún momento suponen una negación de la validez de los centros anteriores, no es que antes estuviéramos equivocados... simplemente es que descubrimos que el territorio era mayor, mucho mayor de lo que en un principio imaginábamos, cada vez mayor conforme nuestra comprensión y nuestras vivencias son mayores... y así hasta el infinito.
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