Sigue de cuentos navideños I: La navidad de Happiness
Y cuentos navideños II: Profecías de Happiness
Y cuentos navideños II: Profecías de Happiness
Y así las mujeres y los hombres humildes esperaron confiados un año, dos años, diez años, cien, mil, dos mil... mas la tierra y todo lo que en ella había continuaba en manos de los arrogantes y poderosos que, de hecho, eran ahora mucho más arrogantes y poderosos aún, y una cantidad cada vez mayor de niñas y niños seguían naciendo y muriendo de maneras terribles.
Esto hizo que el árbol de la añoranza de aquellos humildes comenzara a engendrar el fruto de la desesperación. Si bien es cierto que muchos hombres, mujeres y varones, siguieron alimentando el fuego de su amor con el aceite de sus obras de fe y esperaron repitiendo una y otra vez aquellas mismas palabras; también fueron numerosos quienes, sucumbiendo a las burlas de los incrédulos, acabaron por convencerse de que todo aquello no había sido sino el sueño de un poeta, la hermosa utopía de un hombre bueno, una ilusión en la que sumergirse para poder seguir viviendo; algunos, incluso, pensaron que se trataba de veladas referencias a cuestiones exclusivamente esotéricas… como si lo de fuera y lo de dentro fueran cuestiones que no tuvieran nada que ver.
Pero los más dignos de lástima, los más pobres de todos, eran los que no entendían absolutamente nada; los que confundidos con tanto lío, de oír una y otra vez las mismas palabras del libro, decidieron pasar página rebelándose contra aquellos cantos de sirena que al calorcito hogareño no hacían más que adormecer las conciencias.
Estos fueron los sinceros, los que en su afán de comprender descendieron a los abismos de la locura y la desesperación de los que fueron rescatados para ser arrojados en territorio ignoto, el territorio denostado por sabios y poetas, la caja de Pandora contenedora de terribles plagas que causan pavor. Y osaron abrirla, abrir el libro de las cosas ocultas tras el velo.
El libro sellado era la historia de una gran guerra que habría de suceder desde el principio hasta el siguiente principio que vendría tras el fin.
Aquellos locos desesperados atravesaron aquel relato de la humanidad y vieron que era el suyo propio, la historia de su debilidad, de su angustia, de la injusticia y de la sangre inocente que habría de ser derramada en ese ciclo, especialmente en el final. E hicieron grandes descubrimientos relativos a los tiempos y las sazones que sincronizan fuera y dentro, descubrimientos imposibles de expresar de forma breve.
Vieron que todas las palabras terribles, aquellas que tanto habían asustado incluso a los más sabios, podían traducirse fácilmente, que el mensaje era algo enormemente práctico que tenía que ver con una decisión que se tomaba en sus propias entrañas y que afloraba en cada palabra, cada pensamiento y cada acción.
Y comprendieron que era en vano esperar que el emperador sin entrañas cambiara su actitud movido por la compasión, que la bestia a quien había sido dado el poder, nunca llegaría a estar triste y pensativa, porque esas son capacidades humanas, no de bestias, ni siquiera de aquellas con apariencia de cordero. Y que la solución a tanta infelicidad (dentro) y tanta injusticia (fuera) pasaba por la acción, y porque cada vez más personas se unieran al ejército de la fidelidad y la verdad de aquel comandante que había enseñado el uso de la más poderosa y contaminante de todas las armas: la bondad.
También leyeron que esta iba a ser la mayor de las peleas, porque en ella como es fuera es dentro, o lo que es lo mismo, no hay fuera ni dentro. Pero que todo aquel que lo deseara estaba destinado al triunfo, que la victoria estaba asegurada desde antiguo, y que era necesario que lo supieran porque sólo así podrían perseverar y vencer. Y que sabrían que habían vencido cuando se les diera un nombre nuevo.
Epílogo:
Al llegar al final del libro santo, sin más páginas que pasar, los perplejos quedaron si cabe más perplejos, incapaces de expresar nada de aquella visión que los había transformado en lo más profundo. Poco a poco fueron juntándose unos a otros, reconociéndose entre ellos por su ser más que por sus palabras, y regocijándose con la lectura de los nuevos rollos que les indicaban la manera en la que se tenían que organizar.
Siguiendo las instrucciones contenidas en ellos, convocaron elecciones en toda la tierra habitada a las que fueron invitados todos los valientes guerreros (mujeres y varones) que habían salido triunfantes de la última batalla. Su responsabilidad era grande, debían de elegir a aquellos en quienes mejor se reflejara la Bendita Belleza que habían descubierto, la que había de reinar hasta los cabos de la tierra.
La elección de los valientes fue unánime, siendo elegidas como gobernantes las 9 preciosas hermanas Ness que habían nacido y crecido durante los años de lucha, y que por aquel entonces habían alcanzado su mayor esplendor. Sus nombres son los siguientes:
Wit Ness (sabiduría), las gemelas Truth Ness (verdad) y Truthful Ness (veracidad), Right Ness (virtud), Faithful Ness (fidelidad), Fair Ness (justicia), Peaceful Ness (tranquilidad), Sweet Ness (dulzura), todas ellas presididas por la mayor y más querida de todas, la protagonista de nuestra historia, nuestra muy querida: Happi Ness (felicidad), que había nacido en una patera cerca de un volcán, en el límite entre la locura y la desesperación.
Eta hala izan bazan sar dadila kalabazan eta irten dadila... Arroa Beheko zubian.
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