2011/01/12

Mujeres que aman demasiado

Y la niña seguía gritando: Aita, mira qué lista soy...
pero el padre no tenía ojos para ella.

Y la niña seguía gritando cada vez más fuerte,
ya no sólo con su voz sino con todo su cuerpo,
pero el padre estaba demasiado lejos para verla.

Y así la niña siguió gritando lo mismo, una y otra vez,
a todos los padres que se iba encontrando por el camino.

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